PART2 ; EL SECRETO QUE ESCONDÍA MI PROPIA FAMILIA

—Puedes retirarte por ahora —le dije—. Pero no salgas de la propiedad. Necesito que estés disponible para responder cualquier pregunta.

Cuando se marchó, llamé a mi director financiero, Javier Montes.

Le expliqué lo sucedido y le pedí que verificara las cuentas desde la oficina central.

Su respuesta llegó menos de veinte minutos después.

—Tenemos un problema grave —dijo por teléfono—. No son solamente los salarios de Rosa.

Sentí un peso en el estómago.

—Explícate.

—Durante los últimos ocho meses han salido cantidades pequeñas de varias cuentas relacionadas con la residencia. Los movimientos están divididos en transferencias que parecen gastos de mantenimiento, compras domésticas y pagos a proveedores.

—¿Cuánto dinero?

Javier tardó unos segundos en contestar.

—Hasta ahora, aproximadamente cuatro millones ochocientos mil pesos.

Me levanté de la silla.

—¿Cuatro millones ochocientos mil?

—Y todavía estamos revisando los movimientos.

Durante años había despedido ejecutivos por errores mucho menos graves.

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