EL SECRETO DEL OTRO BEBÉ

Lo besé en la frente.

Cuando volví a levantarme, miré a Teresa.

—¿Dónde está mi bebé?

Ella cerró los ojos.

—No lo sé.

—¡Míreme a los ojos y repítalo!

—No sé dónde está el niño que tú diste a luz. Después del intercambio, Lucía se marchó del hospital con Mateo. Tú te fuiste con Daniel.

Sentí que me faltaba el aire.

Durante ocho años había celebrado cumpleaños, había tomado fotografías y había guardado los primeros dientes de un niño creyendo que era el bebé al que había dado a luz.

Y mi hijo biológico había crecido lejos de mí.

Sin mis brazos.

Sin mis besos.

Sin saber que su madre lo buscaba sin siquiera conocer su nombre.

—¿Por qué nunca dijiste nada? —preguntó Alejandro, con la voz rota.

Teresa lo miró.

—Porque cuando me enteré de que Lucía había abandonado la ciudad, pensé que jamás volveríamos a verla. Y cuando vi cuánto amaba Mariana al niño, tuve miedo de destruir sus vidas.

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