EL SECRETO DEL OTRO BEBÉ

Mateo empezó a visitar a Lucía y a conocer su historia.

Daniel comenzó a visitarnos con el acompañamiento adecuado, descubriendo poco a poco a los padres que nunca había conocido.

Al principio, ambos niños se mostraban tímidos.

Después comenzaron a compartir juegos, dibujos y secretos escolares.

Un sábado, mientras los observaba jugar en el jardín, Daniel se acercó a mí con una pelota entre las manos.

—¿Puedo llamarte Mariana? —preguntó.

Sentí un pequeño dolor en el pecho, pero sonreí.

—Claro, cariño. Puedes llamarme como te sientas cómodo.

Él se quedó pensativo.

—¿Y algún día podré llamarte mamá?

Me arrodillé y le tomé las manos.

—Si algún día te nace hacerlo, estaré aquí. No tienes que apresurarte.

Daniel me abrazó.

Y por primera vez pude sentir el calor de mi hijo sin miedo a arrebatárselo a nadie.

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