EL SECRETO DEL OTRO BEBÉ

La última confesión de doña Teresa

Cuando regresamos a Guadalajara, Teresa nos esperaba en casa.

Ya no tenía aquella expresión de superioridad que había mostrado durante tantos años.

Parecía haber envejecido de golpe.

—¿Lo encontraron? —preguntó.

No respondí.

Alejandro dejó sobre la mesa una copia de los informes y de la documentación recuperada.

—Encontramos a Daniel. Y confirmamos lo que hiciste.

Teresa comenzó a llorar.

—Quería proteger a nuestra familia…

—No —le dije—. Querías decidir quién merecía pertenecer a ella.

Ella bajó la cabeza.

—¿Podrás perdonarme algún día?

Miré a Mateo, que estaba sentado a mi lado.

Pensé en las noches en que lo había consolado cuando tenía fiebre, en sus primeros pasos, en sus dibujos pegados en la nevera y en la manera en que me llamaba mamá cuando tenía miedo.

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