No quería depender exclusivamente de los abogados de los Montenegro.
El abogado revisó los documentos, solicitó copias de los registros de la propiedad y me aconsejó no firmar nada sin verificar su contenido.
También me ayudó a organizar las cuentas familiares para asegurar que Emiliano y yo tuviéramos estabilidad mientras se resolvía el asunto.
Aquella fue una de las decisiones más importantes que tomé.
Por primera vez, no esperaba que Mauricio o su padre me protegieran.
Estaba aprendiendo a protegerme por mí misma.
Unos meses después, la investigación confirmó irregularidades en varias operaciones vinculadas a Rodrigo. Los procedimientos correspondientes continuaron y la empresa tuvo que modificar sus controles internos.
Rodrigo dejó de administrar parte de los negocios mientras se resolvían las cuestiones legales.
No fue una victoria personal.
No sentí alegría al ver que otra familia se desmoronaba.
Pero sí sentí alivio al comprender que el dinero y el apellido no podían convertir automáticamente una mentira en verdad.