Los auditores independientes encontraron pagos que no coincidían con los contratos de varias empresas.
Algunas facturas describían servicios que nunca se habían prestado.
Otras correspondían a compañías que no tenían empleados ni instalaciones.
Los documentos que había conservado mi padre ayudaron a reconstruir parte de esas operaciones.
Rodrigo negó cualquier irregularidad y acusó a Esteban de utilizar la investigación para favorecer a su hijo.
Sin embargo, cuando los auditores solicitaron los registros originales, aparecieron inconsistencias que requerían una explicación.
Las autoridades recibieron la documentación pertinente y comenzaron a revisar los posibles delitos financieros.
No hubo una detención inmediata ni una confesión espectacular.
Hubo meses de declaraciones, peritajes y documentos que debían comprobarse.
Pero Rodrigo perdió temporalmente algunas de sus facultades administrativas mientras se revisaban las cuentas.
Una tarde, Patricia me llamó.
—Daniela, necesitamos informarte de algo.