—¿Y la mujer que te abrazó?
—Patricia me estaba diciendo que debía dejar de posponer la conversación contigo.
—¿Y por qué te abrazó?
Mauricio bajó la mirada.
—Porque estaba llorando. Me dijo que había visto a muchas familias destruirse por secretos y que yo estaba a punto de perder la mía.
Respiré lentamente.
—¿Me amas?
Mauricio no respondió de inmediato.
—Sí. Pero sé que amarte no me daba derecho a decidir qué verdades podías conocer. Te amo y, aun así, te hice daño. Las dos cosas son ciertas.
Por primera vez, no escuché una excusa.
Escuché una confesión.
Pero una confesión no reconstruye por sí sola la confianza.
—Necesito tiempo —le dije—. Y durante ese tiempo no vas a utilizar a Emiliano para acercarte a mí ni vas a pedirle que guarde secretos.
—Lo entiendo.
—También quiero revisar nuestras cuentas, los documentos de la casa y todas las decisiones económicas que tomaste durante el matrimonio.