Asentí.
No quería promesas vacías.
Quería hechos.
Antes de marcharme, Esteban dijo:
—Daniela, no espero que aceptes a mi familia. Solo espero que, cuando tomes una decisión, sea porque tú la has elegido. No porque Mauricio, yo o cualquier otra persona te haya empujado a hacerlo.
Aquella frase me acompañó durante el camino a casa.
Porque, durante doce años, había creído que mi matrimonio era una historia que yo entendía.
Ahora debía decidir si quería escribir el siguiente capítulo con Mauricio.
Y esa decisión me pertenecía únicamente a mí.
Capítulo 6. La confesión de Mauricio
Mauricio llegó a casa el viernes por la noche.
No llevaba el traje negro.
Vestía una camisa sencilla y unos pantalones vaqueros, como tantas veces durante los primeros años de nuestro matrimonio.
Emiliano ya estaba dormido.
Le permití entrar, pero le pedí que dejara su teléfono sobre la mesa y se sentara frente a mí.