—¿Y qué quiere de mí?
—Nada.
Su respuesta me sorprendió.
—Quiero que sepas que la propiedad donde vives no debe utilizarse para presionarte. He ordenado que se suspenda cualquier transferencia relacionada con ella hasta que se verifique legalmente quién tiene derecho sobre el inmueble.
—¿Y si decido divorciarme?
Esteban me miró con seriedad.
—Entonces tendrás derecho a tomar esa decisión sin que yo intervenga para castigarte o favorecer a mi hijo.
Permanecí en silencio.
Por primera vez, el hombre que había intentado controlar la vida de Mauricio parecía dispuesto a reconocer que yo también tenía una vida propia.
—Hay otra cosa —añadió—. Rodrigo sabe que estás investigando el pasado de tu padre. Ha contratado abogados y está intentando desacreditar los documentos que conservamos.
—¿Puede hacernos daño?
—No voy a decirte que no existe ningún riesgo. Pero estamos tomando medidas legales y de seguridad para proteger los archivos y cooperar con las autoridades si es necesario.