Después añadió:
—Y porque alguien de mi familia ha descubierto que Mauricio podría regresar a la empresa. Esa persona lleva años esperando que yo muera.
—¿Quién?
Esteban miró a Patricia.
Ella abrió otra carpeta.
Dentro había una fotografía de un hombre joven, elegante, con el cabello peinado hacia atrás.
Lo reconocí inmediatamente.
Era Rodrigo Montenegro, el sobrino de Esteban.
Lo había visto en varias revistas empresariales.
—Rodrigo ha estado administrando parte de mis negocios —explicó el anciano—. Cree que, si Mauricio vuelve, perderá el control de las empresas. Hace unos días descubrimos movimientos financieros que podrían comprometerlo.
Mauricio se inclinó hacia mí.
—Por eso te dije que esta noche iba a contártelo todo. No quería que Rodrigo se enterara antes de que pudiéramos protegerte a ti y a Emiliano.
Lo miré fijamente.
—¿Protegernos de qué?
Nadie respondió.