Valeria apareció discutiendo con alguien fuera de cámara.
Después se escuchó una voz.
Una voz que reconocí inmediatamente.
Santiago me apretó el brazo.
Yo dejé de respirar.
La persona entró en cuadro.
Y entonces entendí por qué Mauricio había tenido tanto miedo del vestido rojo, del broche y de aquella caja.
Porque el secreto que mi hija había descubierto no involucraba solamente a su padre.
Involucraba a alguien mucho más cercano a mí.
Y esa persona acababa de decir en el video:
—Valeria, si tu mamá descubre quién firmó realmente esos documentos, se acaba todo.
La imagen avanzó unos segundos más.
Entonces apareció sobre la mesa otro documento.
Uno que yo jamás había visto.
Y llevaba mi nombre.
Pero esta vez no era un préstamo.
Era algo mucho peor.