Después bajó la voz.
—Él dijo que podía arreglarlo.
—¿Arreglar qué?
—Ricardo y yo tenemos deudas.
Ahí estaba otra pieza.
Mariana y Ricardo habían comprado un departamento en Metepec dos años antes. Siempre mostraban fotografías de restaurantes, viajes y escuelas privadas.
Yo había supuesto que les iba bien.
No era así.
—¿Cuánto deben?
—Eso no te importa.
—Entonces mi casa tampoco debería importarte.
—Papá dijo que prácticamente ya era de la familia.
Me reí sin ganas.
—Mariana, una propiedad no cambia de dueño porque papá lo anuncie durante una cena.
—Dijo que tú habías aceptado.
Eso me hizo guardar silencio.
—¿Cuándo?
—Hace meses.
—Yo nunca acepté.
Su respiración cambió.
Por primera vez percibí miedo.
—Gabriela…
—¿Qué te enseñó?
No contestó.
—Mariana, ¿qué documento te enseñó?
La llamada terminó.
A la mañana siguiente viajé al Estado de México.