No era una fortuna que pudiera cambiarme la vida, pero sí suficiente para dar el enganche de un departamento pequeño.
Rodrigo insistió en que guardáramos el dinero mientras encontrábamos una buena oportunidad.
Finalmente compramos un departamento de dos recámaras en Juriquilla.
Yo aporté prácticamente todo el enganche.
El crédito hipotecario quedó a nombre de ambos.
O eso creía.
Durante los últimos meses, Rodrigo había insistido varias veces en que firmara documentos relacionados con una supuesta reestructuración del crédito.
Nunca lo hice.
Siempre le decía:
—Déjamelos para leerlos.
Y él siempre encontraba una excusa para llevárselos.
Volví al video.
Teresa abrió la carpeta.
Sacó varias hojas.
No podía leer el contenido desde el ángulo de la cámara, pero vi claramente mi nombre impreso en una de ellas.
Después escuché a Teresa decir:
—En cuanto Laura firme, esto queda arreglado.