Mi hermano se burló de mi uniforme frente a toda su tripulación… sin imaginar por qué una almirante había subido personalmente a inspeccionar su buque

Lo observé durante unos segundos.

—Mauricio, llevo media vida intentando que nuestra familia deje de convertir nuestras carreras en una competencia.

—Claro. Porque tú siempre ganabas.

Casi me reí.

—¿Ganaba?

—Las calificaciones. Los reconocimientos. Los ascensos. Todo.

—Papá jamás te hizo sentir segundo.

—Porque sabía lo que tú eras.

—¿Y qué era yo?

Mauricio guardó silencio.

Entonces su teléfono vibró.

Miró la pantalla.

Y su expresión cambió.

No necesitaba ver el nombre.

Lo supe.

—Es papá, ¿verdad?

Mauricio rechazó la llamada.

Cinco segundos después, mi teléfono comenzó a sonar.

Papá.

Contesté.

—¿Sí?

Ni siquiera saludó.

—¿Qué le estás haciendo a tu hermano?

Cerré los ojos un instante.

—Estoy trabajando.

—Mauricio dice que lo estás tratando como delincuente delante de sus compañeros.

Miré a Mauricio.

Él apartó los ojos.

—Hay irregularidades documentales que deben revisarse.

—Pues arréglalo discretamente.

Aquella frase me dolió más de lo que esperaba.

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