Levanté la mano.
—No.
Guardó silencio.
—Usted no perdió a su hijo porque yo se lo quitara. Lo está perdiendo porque decidió destruirme para conservar control sobre él.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Yo sólo tenía miedo.
—El miedo explica muchas cosas —respondí—. No las justifica.
Mauricio guardó los papeles.
—No vas a ver al niño por ahora. Si algún día eso cambia, será porque respetaste nuestros límites durante mucho tiempo, no porque presionaste a nadie.
Nos levantamos.
Leticia no nos siguió.
Se quedó sola frente a aquella prueba que había exigido sin que nadie se la pidiera.
Meses después, la fotografía que más me gusta de mi hijo no fue tomada en una sesión profesional.
Fue una mañana cualquiera.
Está dormido sobre el pecho de Mauricio.
Los dos tienen la boca ligeramente abierta.
Yo aparezco reflejada en una ventana detrás de ellos.