—¡Deme a mi bebé!
Intenté levantarme otra vez.
Leticia bloqueó mi camino.
—Ni lo toques. Primero va a verlo mi hijo.
Grité pidiendo ayuda.
Una enfermera entró corriendo, seguida por la jefa de turno.
La mujer observó a mi bebé y preguntó con una seriedad que hizo callar a todos:
—¿Quién le puso esa sustancia al recién nacido?
Leticia soltó una risa nerviosa.
—Nadie le puso nada. Así es su piel.
La enfermera se colocó guantes.
Tomó una gasa húmeda y limpió cuidadosamente una pequeña parte del tobillo de mi hijo.
La gasa quedó negra.
El cuarto entero quedó en silencio.
Volvió a hacerlo.
Otra mancha negra apareció sobre el algodón blanco.
Mi mamá se llevó ambas manos a la boca.
—Leticia… ¿qué hiciste?
Mi suegra palideció, pero siguió defendiendo lo indefendible.
—Sólo quería demostrar algo. Ella sabe perfectamente por qué.
La enfermera levantó la mirada.