Al principio solo se veía la puerta entreabierta.
Entonces apareció Beatriz.
Mi suegra entró sin tocar.
—¿Dónde guardaste tus documentos?
Mi mamá respondió desde fuera de cuadro:
—¿Cuáles documentos?
—Tu identificación. Tus estados de cuenta. Lo que trajiste en la maleta.
Sentí un escalofrío.
Elena me miró.
—Sigue viendo.
En la grabación, Beatriz comenzó a revisar los cajones.
Mi mamá intentó detenerla.
—No tienes derecho a tocar mis cosas.
Beatriz soltó una risa seca.
—Mientras vivas bajo el techo de mi hijo, aquí las reglas las pongo yo.
Entonces entró Rodrigo.
Mi esposo.
El hombre con el que llevaba siete años casada.
—Mamá, déjala —dijo.
Por un segundo sentí alivio.
Hasta que escuché lo siguiente.
—Lo que necesitamos no está ahí.
Se me heló la sangre.
Rodrigo cerró la puerta.
Después bajó la voz.
—Elena, solo queremos saber dónde guarda Daniela los papeles de sus propiedades.