“Daniela: si estás leyendo esto, probablemente alguien ya intentó convencerte de que debes sacrificar lo que construiste para salvar a otra persona de las consecuencias de sus propias decisiones.”
Tuve que sentarme.
Mi abuela me conocía demasiado bien.
Seguí leyendo.
La carta no escondía una fortuna secreta.
No me convertía mágicamente en millonaria.
Era algo mucho más valioso.
Mi abuela explicaba por qué había decidido dejarme aquel departamento exclusivamente a mí.
Durante años había visto cómo mi mamá sacrificaba todo por los demás.
Vendió un terreno para pagar mis estudios.
Prestó dinero que nunca recuperó.
Cuidó familiares enfermos.
Siempre cedía.
Mi abuela temía que yo repitiera la misma historia.
Por eso había dejado documentos claros sobre el origen de aquella propiedad y me había pedido conservar cada comprobante relacionado con ella.
Adriana leyó las copias.