También se acreditó que se habían ocultado datos relevantes que podrían haber cambiado la valoración de las pruebas.
Finalmente, el tribunal resolvió dejar sin efecto la condena y ordenó las actuaciones correspondientes para restablecer mi situación jurídica.
Cuando Ramírez me lo comunicó, no reaccioné.
Lo miré esperando que añadiera alguna condición, alguna excepción o una advertencia.
—¿Qué significa exactamente? —pregunté.
—Que tu condena ha quedado anulada. La resolución reconoce que las pruebas que sustentaron tu responsabilidad no eran fiables y que el proceso debe corregirse conforme a lo que se ha acreditado.
Me llevé las manos a la cara.
Había imaginado ese momento cientos de veces.
Pensaba que gritaría, que lloraría de felicidad o que saldría corriendo a contarle a todo el mundo que era inocente.
Pero no hice nada de eso.
Solo lloré.
Lloré por las noches en que había escuchado a otros internos llorar en sus celdas.