Los coches avanzaban entre el tráfico. Los vendedores levantaban sus puestos. Los estudiantes salían de las escuelas y los trabajadores regresaban a sus casas.
En alguna parte, alguien estaría comenzando una vida nueva.
En otra, alguien estaría intentando sobrevivir a una noche difícil.
Yo sabía que no podía resolver los problemas de todo el mundo.
Pero sí podía decidir qué hacer con las oportunidades que había recibido.
Y eso fue lo que hice.
No utilicé mi herencia para comprar el silencio de mi padre.
No la utilicé para humillar a Patricia ni para vengarme de Diego.
No gasté mi vida demostrando que había ganado una batalla familiar.
La utilicé para estudiar, construir mi independencia, proteger lo que me correspondía y ayudar cuando podía hacerlo de manera responsable.
Porque, al final, mi abuelo tenía razón en algo.