Durante mucho tiempo creí que la herencia era lo que me salvaría. Después descubrí que no podía vivir esperando que el dinero reparara todo lo que me había pasado.
Todavía hay cosas que duelen. Todavía hay preguntas que no tienen respuesta.
Pero terminé la preparatoria. Fui a la universidad. Aprendí a pedir ayuda. Aprendí a defenderme y también a reconocer cuándo necesito descansar.
Ya no duermo en el coche.
Ya no tengo miedo de quedarme sin nada cada vez que alguien se enoja conmigo.
Y ya no creo que deba ganarme el derecho a ser querido.
No sé si eso era lo que querías para mí.
Pero es la vida que estoy construyendo.
Gracias por dejarme la oportunidad de elegir.
Tu nieto,
Emiliano.
Doblé la carta y la guardé junto a la suya.
Después salí a caminar.
La ciudad seguía moviéndose a mi alrededor.