Nos sentamos en una sala privada.
Laura verificó mi identidad y explicó que el testamento había sido otorgado conforme a las formalidades correspondientes. También aclaró que la herencia debía tramitarse legalmente y que no todas las propiedades o participaciones de una empresa podían transferirse de inmediato.
—Tu abuelo dejó instrucciones muy precisas —dijo—. Quería que tuvieras acceso a la información completa de tu familia y que nadie pudiera obligarte a renunciar a tus derechos mediante engaños o presiones.
Me entregó una copia del testamento.
Leí despacio.
Había varias disposiciones destinadas a proteger bienes familiares y garantizar el cumplimiento de ciertas obligaciones. También existían legados para otras personas y recursos reservados para gastos legales y administrativos.
Pero había una cláusula que destacaba sobre las demás.
Mi abuelo había dispuesto que yo recibiera la parte principal de sus bienes personales y los derechos que legalmente pudiera transmitir sobre sus participaciones en Grupo Salgado, de acuerdo con los términos del testamento y los estatutos de la compañía.