PARTE 2: EL JEFE DE LA MAFIA DESCUBRIÓ QUE SU HIJO HABÍA VIVIDO LEJOS DE ÉL DURANTE 18 MESES

Los ojos verdes de Ethan Blackwood se quedaron fijos en mí.

Durante dieciocho meses había imaginado ese momento de muchas formas.

En algunas, él me escuchaba.

En otras, se arrepentía.

Y en las peores, simplemente se iba otra vez.

Pero nunca imaginé encontrarlo frente a mí, en mi lugar de trabajo, mirando mi rostro como si acabara de ver un fantasma.

—Mariah.

Pronunció mi nombre lentamente.

Como si necesitara comprobar que era real.

Yo mantuve la espalda recta.

No era la misma mujer que había enviado docenas de mensajes esperando una respuesta.

Ya no era la mujer que lloraba mirando un teléfono que nunca sonaba.

—Señor Blackwood —respondí con formalidad.

El director Davidson nos miró confundido.

—¿Se conocen?

Ethan no apartó los ojos de mí.

—Sí.

Una sola palabra.

Pero contenía demasiadas cosas.

El director sonrió.

—Qué coincidencia. No sabía que ya habían trabajado juntos.

—No trabajamos juntos —respondí rápidamente.

Ethan notó mi tono.

Y por primera vez en mucho tiempo vi algo en su expresión que no esperaba.

Dolor.

La visita continuó.

Le mostré las instalaciones.

Le expliqué los programas de la escuela.

Respondí sus preguntas.

Todo mientras sentía sus ojos sobre mí.

Ethan Blackwood era conocido por hacer temblar a hombres poderosos.

Pero aquella mañana parecía incapaz de entender qué decirme.

Cuando terminamos el recorrido, el director se alejó unos minutos para atender una llamada.

Nos quedamos solos.

—¿Por qué nunca me lo dijiste?

Su voz fue baja.

Directa.

Me quedé mirándolo.

—¿De verdad esa es tu primera pregunta?

Ethan apretó la mandíbula.

—Mariah.

—Te lo dije.

Silencio.

—Te escribí cuando descubrí que estaba embarazada.

Su rostro cambió.

—Nunca recibí nada.

Solté una pequeña risa amarga.

—Claro.

Sacó su teléfono.

—Muéstrame.

—¿Qué?

—Los mensajes. Los correos. Todo.

Lo observé.

Durante un momento pensé en negarme.

Pero entonces recordé todas las noches en las que había sostenido a Leo mientras intentaba entender por qué su padre no quería conocerlo.

Saqué mi teléfono.

Abrí una carpeta antigua.

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