Solo necesitaba saber en qué momento se había dado aquella instrucción.
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—Así aparece en el sistema —confirmó.
Javier cerró los ojos brevemente.
Mercedes recogió su bolso.
—Nos vamos.
—Tú puedes irte —le dije—. El sobre se queda conmigo.
Ella agarró una esquina de los documentos.
Yo no jalé.
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Simplemente mantuve la mano sobre ellos.
—Son papeles de Javier.
—Llevan el nombre de mi empresa.
Javier intervino.
—Mamá.
Mercedes lo miró.
—¿Qué?
—Déjalos.
Fue una decisión pequeña, pero reveladora.
Hasta ese momento ella había actuado como si los tres estuviéramos participando en una discusión familiar donde, tarde o temprano, yo terminaría cediendo.
Cuando Javier le pidió que soltara los documentos, entendió que la situación ya había salido de ese terreno.
Me quedé con el sobre.
Después abrí la aplicación bancaria empresarial.
Javier me observó mover los dedos por la pantalla.