Cinco médicos iban a dar de alta a una niña que seguía llorando cuando vi que señalaba un punto del pie que nadie había examinado. Mientras ellos cerraban el caso, ella ni siquiera podía apoyarlo. “Mañana estarás delante de dirección, y tendrás suerte si sigues llevando ese uniforme.” Sujeté la barandilla, frené el alta y pedí otra prueba; horas después, un registro de medicación reveló algo mucho peor. –

Semanas después le retiraron definitivamente la inmovilización.

El traumatólogo que llevaba ahora su caso confirmó que el pie había consolidado perfectamente.

El primer día que le permitieron correr, Alba obligó a Álvaro a llevarla al parque.

Lucía trabajaba aquella tarde.

Su teléfono vibró durante una pausa.

Era una fotografía.

Alba corría sobre el césped, con el cabello volando detrás y ambos pies firmes sobre el suelo.

Debajo había escrito con aquella caligrafía irregular de los 7 años:

«Para Lucía, porque me creyó».

Lucía permaneció mirando la pantalla mucho tiempo.

Luego sacó de su taquilla un papel doblado que conservaba desde el hospital.

Era aquel primer dibujo.

3 figuras torpes: una niña, un hombre con traje y una enfermera en medio.

Cuando Alba lo había dibujado, ninguno de los adultos entendió lo que significaba.

Pensaron que una niña agradecida había dibujado a las personas que estaban junto a su cama.

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