Cinco médicos iban a dar de alta a una niña que seguía llorando cuando vi que señalaba un punto del pie que nadie había examinado. Mientras ellos cerraban el caso, ella ni siquiera podía apoyarlo. “Mañana estarás delante de dirección, y tendrás suerte si sigues llevando ese uniforme.” Sujeté la barandilla, frené el alta y pedí otra prueba; horas después, un registro de medicación reveló algo mucho peor. –

Había registros electrónicos.

Había 2 enfermeros y 1 auxiliar que podían confirmarlo.

Había incluso una anotación médica realizada durante aquella asistencia.

Lucía volvió a mirar al equipo jurídico.

—Esa firma se parece a la mía porque alguien quería que se pareciera. Pero yo no estaba allí.

Por primera vez, la seguridad de Salcedo sufrió una grieta.

Dirección abrió una investigación interna y mantuvo a Lucía suspendida mientras se revisaban los registros.

Aquella tarde, Carmen la acompañó hasta la salida.

—Esto ya no parece solo una venganza.

Lucía se detuvo.

—¿Qué quieres decir?

—Para fabricar una acusación así alguien tiene que tocar registros y cuadrar existencias. Si han utilizado una ampolla real para incriminarte, quizá esa ampolla no sea la primera que falta.

Lucía sintió frío.

Hasta entonces había pensado que Salcedo simplemente quería echarla.

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