Si además sabía algo sobre Verónica, la desaparición de la madre de Emiliano podía estar vinculada con la misma red de personas.
Y si CRECER reunía a esos niños, ya no estábamos ante una sola familia contando versiones distintas.
Aun así, teníamos que mantenernos pegados a hechos verificables.
Esa noche no apareció una caja secreta llena de expedientes.
No llegó un desconocido con todas las respuestas.
La verdad avanzó de manera más simple y más inquietante.
Daniel llegó al hospital.
Era un hombre de poco más de cuarenta años, camisa oscura, manos grandes y una serenidad casi idéntica a la que Marta había mostrado al principio.
No preguntó primero por el estado de Emiliano.
Preguntó:
—¿Dónde está el papel?
Yo estaba a pocos metros.
Marta cerró los ojos.
Daniel se dio cuenta de su error.