“Emi: si te llevan al hospital y Daniel no está contigo, diles que busquen el nombre CRECER.”
Debajo había otra frase escrita con una letra más temblorosa.
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“No dejes que Marta se lleve la nota.”
Sentí un golpe seco en el estómago.
No era una despedida.
No era una carta de un niño jugando a los secretos.
Era una instrucción.
Marco se acercó lo suficiente para leer sin tocarme el brazo.
—¿Quién escribió eso?
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Miré a Emiliano.
Tenía los ojos cerrados, pero seguía consciente.
—Emiliano —le dije—, necesito que me digas quién te dio este papel.
Abrió los ojos apenas.
—Lucía.
Marta reaccionó por fin.
—Está delirando.
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No le respondí.
—¿Cuándo te lo dio Lucía?
—Hace poquito.
—¿Dónde?
Emiliano tragó saliva.
—En la casa de Daniel.
Clara dejó de acomodar una línea intravenosa por un segundo.
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