Parte 2: La abogada seguía en la línea. Le repetí exactamente lo que Sergio acababa de decir y su respuesta fue inmediata:

Por primera vez, no discutió.

Guardó los documentos en su carpeta y se quedó mirando el café.

—No sé cómo he llegado hasta aquí.

—Quizá deberías empezar por dejar de buscar a quién culpar.

No supe si mis palabras le sirvieron.

Pero aquella vez no intenté convencerlo de nada más.

Parte 11. La disculpa de mi padre

Un domingo, varios meses después, encontré a Joaquín sentado en el patio.

La puerta de la bodega estaba reparada. Las macetas tenían tierra nueva y Pilar había colocado una pequeña mesa junto a los geranios.

Me senté a su lado.

—¿En qué piensas, papá?

Él tardó en responder.

—En que debí haber detenido a Sergio antes.

—No podías saber hasta dónde llegaría.

—Pero sí veía que tu madre estaba cansada. Veía que trabajaba demasiado. Y muchas veces preferí no discutir con él.

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