Parte 2: La abogada seguía en la línea. Le repetí exactamente lo que Sergio acababa de decir y su respuesta fue inmediata:

Parte 2:
La abogada seguía en la línea. Le repetí exactamente lo que Sergio acababa de decir y su respuesta fue inmediata: mis padres no debían firmar ningún documento sin entenderlo y sin decidir libremente qué querían hacer con su casa.
Guardé el teléfono y entré.
Pilar se quedó inmóvil con el plato de pan entre las manos.
—Álvaro… ¿qué haces aquí?
Sergio se puso de pie.
—Llegaste en mal momento.
—Eso ya lo veo.
No discutí con él. Miré a Joaquín y a Pilar.
—¿Ustedes quieren poner la casa a nombre de Sergio y Mónica?
Pilar frunció el ceño.
—¿Ponerla a su nombre? Sergio dijo que mañana íbamos a firmar una autorización para que pudiera ayudarnos con unos trámites.
Ahí apareció el detalle que faltaba: semanas antes, Sergio también les había pedido copias de sus identificaciones diciendo que las necesitaba para organizar los gastos de la casa.
Mónica apretó la carpeta contra el pecho.
—Están entendiendo todo mal.
—Entonces déjame verla —dije.
Sergio intentó detener a su padre con una mirada, pero Joaquín se levantó del banquito, cruzó el comedor y, sin pedir permiso a nadie, tomó la carpeta de las manos de Mónica y me la entregó.

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