Sergio se marchó sin despedirse de mí.
No intenté detenerlo.
Había pasado demasiado tiempo confundiendo ayudar a alguien con impedirle afrontar las consecuencias de sus decisiones.
Esta vez no cometería el mismo error.
Parte 10. El dinero que faltaba
La revisión de los movimientos bancarios llevó varias semanas.
Con la autorización de mis padres y la documentación disponible, Laura ayudó a ordenar los pagos, identificar las transferencias y comparar los gastos declarados con el dinero que yo había enviado.
No todas las operaciones eran fáciles de interpretar. Había compras de supermercado, facturas de suministros, pagos en efectivo y transferencias que requerían más información.
Pero apareció un patrón preocupante: una parte considerable del dinero se había destinado a gastos relacionados con Sergio y su hogar, sin que mis padres hubieran comprendido plenamente cuánto dinero se utilizaba ni para qué.