Parte 2: La abogada seguía en la línea. Le repetí exactamente lo que Sergio acababa de decir y su respuesta fue inmediata:

Pilar añadió:

—Pero queremos aceptar ayuda. Ya no podemos hacerlo todo como antes.

—Por supuesto, mamá.

—Y queremos que el dinero que nos envías llegue directamente a nuestra cuenta —dijo ella—. No queremos que nadie tenga que administrarlo por nosotros sin que lo sepamos.

—Así será.

Organizamos una revisión de sus gastos, un sistema de pagos que pudieran consultar fácilmente y visitas periódicas de una persona que los ayudara con las tareas domésticas.

También contratamos a alguien para reparar la puerta de la bodega.

Mi padre protestó al principio.

—Esa puerta la he arreglado yo toda mi vida.

—Y ahora puedes supervisar al profesional —le respondí—. No tienes que subirte a una escalera para demostrar que todavía puedes hacerlo todo.

Joaquín me miró con una mezcla de orgullo y resignación.

—Te has vuelto muy mandón, muchacho.

Nos reímos.

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