lágrimas comenzaron a caer por su rostro.
No respondí.
Ya no quedaba nada que discutir.
Las acusaciones avanzaron rápidamente.
Maltrato infantil.
Agresión.
Abandono de una menor en condiciones peligrosas.
Falsa acusación.
Intento de encubrimiento.
El video hablaba por todos.
Durante el proceso ocurrió algo inesperado.
El detective volvió a llamarme.
—Necesitamos mostrarle otra cosa.
Era otra grabación.
Esta vez de una cámara instalada en el pasillo.
Mostraba a Raymond entrando al dormitorio de Beatrice la noche anterior.
Sacaba dinero de una caja metálica.
Billetes.
Muchos billetes.
Después volvía a cerrar todo cuidadosamente.
Fruncí el ceño.
—¿Qué significa eso?
El detective abrió otra carpeta.
—Durante meses desapareció dinero de esa casa.
—¿Y…?
—Beatrice culpaba siempre a otras personas.
Vecinas.
Empleadas.

Incluso una vez acusó a una cajera del supermercado.
Sentí un nudo en el estómago.
—Pero era Raymond.
El detective asintió.
—Su suegro llevaba años robándole.
Y cuando la pulsera desapareció…