Me despedía de mi nieta frente a todo el pueblo cuando, al alisar su vestido dentro del ataúd, apareció una pequeña fotografía que nadie reconocía. “No voy a enterrarla sin saber qué significa esto”, dije y guardé la imagen. Dos días después terminé en el hospital, pero antes de rendirme un investigador encontró a la joven de la foto… y su relación con mi hijo me dejó sin palabras.

Durante varios segundos Aurelio no pudo decir una palabra.

Miraba la fotografía del expediente y después la que había guardado en el bolsillo desde el funeral.

La misma sonrisa.

Los mismos ojos claros.

La misma niña.

—No puede ser casualidad —susurró.

Javier también estaba desconcertado.

—¿Está completamente seguro de que esta es la fotografía que encontró dentro del ataúd de Daniela?

—Completamente.

—Entonces alguien sabía de Renata.

Aurelio sintió un escalofrío.

Hasta entonces había pensado que aquella fotografía había llegado de alguna manera inexplicable a las manos de Daniela. Pero ahora surgía una pregunta todavía mayor.

¿Por qué Daniela la tenía escondida?

Javier pidió permiso para revisar las cosas personales de la muchacha.

Esa tarde llamaron a una vecina de Aurelio que guardaba una pequeña mochila perteneciente a Daniela. La joven la había llevado durante su última visita al pueblo.

Dentro encontraron ropa, un cuaderno escolar, un cargador y un sobre doblado varias veces.

En él estaba escrito:

“Para el abuelo Aurelio, si algún día me pasa algo”.

Aurelio sintió que el corazón se le detenía.

Abrió el sobre con dedos temblorosos.

Daniela había escrito la carta meses antes.

“Abuelo:

No sé cómo decirte esto porque tengo miedo de lastimarte. Encontré unos documentos viejos escondidos entre las cosas de mi mamá. Ahí descubrí que fui adoptada.

Al principio lloré mucho. Pensé que todo lo que había vivido era mentira, pero después entendí algo: tú siempre me quisiste, y papá también. Para mí eso vale más que cualquier apellido.

Entre esos documentos encontré cartas de una mujer llamada Lucía y una fotografía de su hija, Renata.

Creo que papá estuvo buscándola antes de morir.

Mi mamá sabe algo, pero cuando le pregunté se puso furiosa y me quitó casi todos los papeles.

Logré guardar la foto.

Quería contártelo durante estas vacaciones, pero no sabía cómo empezar.

Si Renata es hija de papá, entonces también es parte de nuestra familia.

No quiero que esté sola.

Tú siempre dices que abandonar a alguien sabiendo que necesita ayuda es una forma de cobardía.

Por eso, si yo no tengo valor para decírtelo, espero encontrarlo antes de regresar a Morelia.

Te quiero.

Daniela”.

Aurelio dejó caer la carta sobre la cama.

Lloró como no había llorado ni siquiera durante el entierro.

Daniela había descubierto toda la verdad.

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