—Ahora los dos estamos metidos en problemas.
Alma abrió los ojos.
Después corrió hacia mí.
—Papá.
Una sola palabra.
Pero sentí que Lucía acababa de abrir una ventana dentro de una casa que yo había mantenido cerrada durante años.
Entonces mi teléfono empezó a vibrar.
Un portal nacional acababa de publicar una entrevista exclusiva con Verónica.
“Millonario secuestra a dos niñas aprovechando su poder.”
Mi fotografía aparecía cargando a Renata.
Las acciones de mi empresa comenzaron a caer.
La junta directiva convocó una reunión de emergencia.
—Entrega a las niñas al sistema mientras pasa el escándalo —me exigió uno de los socios—. O votaremos tu suspensión como director general.
Miré a Alma jugando con Renata detrás del ventanal.
—Entonces preparen la votación.
Esa misma noche Barrera me llamó.
Habían localizado a Verónica.
Pero antes de colgar añadió algo que me heló la sangre.
—Sabe dónde estarán mañana las niñas. Y compró algo esta tarde que hace pensar que no pretende ir únicamente a hablar.
Parte 3
Al día siguiente debía cancelar nuestra salida.
No lo hice.
Durante meses Alma y Renata habían vivido encerradas por miedo. No permitiría que Verónica siguiera decidiendo cuándo podían salir de casa.
La empresa organizaba un festival navideño para familias en la Alameda Central. Seguridad reforzó todo el perímetro.