Traía traje de baño, lentes oscuros y una copa en la mano.
La fecha era la misma.
Paola palideció.
―Eso no demuestra nada.
―Correcto.
Valeria cambió nuevamente la pantalla.
Aparecía un documento de verificación académica.
Paola había abandonado su programa de maestría 3 años antes.
Nunca había entrado a ningún doctorado.
Mi padre se levantó.
―Paola.
Mi hermana retrocedió.
―Está manipulado.
―Entonces llama a la universidad.
Nadie se movió.
Valeria continuó.
―Tampoco existe la plaza de investigación que supuestamente comienza el próximo mes.
Mi madre miró a Paola.
―¿Dónde está el dinero?
Paola bajó la vista.
―¿Qué dinero?
―Te hemos dado casi 700,000 pesos para colegiaturas, congresos y materiales.
Paola comenzó a llorar.
―Lo usé para construir mi imagen.
Mi padre parecía a punto de explotar.
―¿Tu imagen?
―Quiero trabajar en redes. Necesitaba viajar, vestir bien, conocer gente.
Mi madre levantó una mano.
Pero Valeria intervino.
―Todavía no.
Mi