Estantes.
Cajas.
Carpetas viejas.
Y en el piso, una pequeña caja metálica negra.
La cerradura había sido forzada.
Dentro encontramos una fotografía.
Mi padre.
Mi madre.
Patricia.
Y un hombre que reconocí por antiguas fotos familiares.
Samuel Salgado.
En el reverso, mi padre había escrito.
“Samuel tiene las pruebas originales.”
Debajo había una videocinta.
La etiqueta decía.
“PATRICIA. AGOSTO 1997.”
Conseguimos un viejo reproductor que mi padre había guardado en una caja.
La imagen tembló en la pantalla.
Primero apareció mi padre.
Después Samuel.
—Si algo me pasa, guarda las copias —decía Samuel.
Luego escuchamos la voz de Patricia fuera de cámara.
Estaba gritando.
Samuel había descubierto que ella había desviado dinero utilizando documentos que él firmaba como supervisor.
Quería acudir con un contador independiente.