Entonces ocurrió algo diferente.
El movimiento se detuvo de golpe.
Ethan sintió cómo acomodaban el mecanismo frente a él.
Por primera vez desde que había despertado dentro del ataúd, algo cambió.
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Una pequeña respuesta.
Una señal mínima de que su cuerpo todavía le pertenecía.
No sabía si tendría segundos o minutos.
No sabía si alguien escucharía.
Pero después de descubrir que su propia esposa y su fisioterapeuta habían planeado borrarlo para siempre, Ethan comprendió que ese pequeño movimiento podía ser la diferencia entre convertirse en cenizas o revelar la verdad.
Y mientras el sonido del crematorio llenaba el espacio a su alrededor, hizo lo único que podía hacer.
Intentó volver a moverse.