No mandó a nadie a convencer a Holly.
Después llegó otro sobre.
Esta vez el mensaje era distinto.
Gene escribió que la vela había sido cruel.
Escribió que la etiqueta había sido cruel.
Escribió que la tarjeta de «Invitada» había sido deliberada y que había intentado disfrazarla de broma cuando vio que Brandon no iba a permitirlo.
No mencionó sus propias intenciones como excusa.
No habló de lo mucho que sufría ella.
No pidió una fecha para regresar.
Al final escribió que entendería si Holly no quería verla.
Holly leyó la carta dos veces.
—Esta sí dice lo que hizo.
—Sí.
—Pero sigo enojada.
—Puedes estarlo.
Guardó también esa carta.
No hubo abrazo.
No hubo reconciliación instantánea.
No hubo una Navidad cinematográfica reparada con una sola frase.
Gene había tardado tres años en convertir la exclusión en costumbre; no podía exigir que una niña borrara esa costumbre porque ella había logrado escribir una disculpa correcta.
Dos meses después, Holly hizo una pregunta durante la cena.
—Si veo a Gene, ¿puedo irme cuando quiera?
Brandon dejó el tenedor.
—Sí.