Entre las llaves estaba la misma que Diego había dejado durante aquella cena.
Durante meses pensé que esa llave representaba el instante en que mi matrimonio se rompió frente a todos.
Con el tiempo entendí que no.
Nuestro matrimonio ya venía rompiéndose en secreto.
La llave solo fue la primera cosa que dejó de estar escondida.
La guardé en un cajón y tomé el biberón de Renata.
Ella estiró los brazos hacia mí.
La cargué.
Y esta vez, cuando el teléfono sonó desde la cocina, no sentí miedo de lo que pudiera estar escuchándose al otro lado.