Por primera vez, el director perdió completamente su serenidad.
— ¿Tienes cómo demostrarlo?
—El médico está dispuesto a entregar una declaración. Pero eso es solamente la mitad del problema.
Sacó el mensaje de Mariana.
El tratamiento experimental de Alejandro se había mostrado en algunos participantes de recuperación parcial y temporal de la producción espermática. El protocolo exigía controles periódicos porque los resultados podían cambiar extensamente de un mes a otro.
Alejandro había faltado precisamente al estudio que debía realizarse después de su última fase de tratamiento.
—Quiero todos sus resultados —dijo Valeria—. Y quiero una prueba prenatal de paternidad en un laboratorio especializado. No voy a pasar siete meses escuchando rumores sobre quién es el padre de mis hijos.
Rafael tomó el teléfono.
—Nos vamos a Monterrey esta tarde.
Alejandro se negó al principio.
No quería viajar con Valeria. Apenas podía mirarla después de lo ocurrido.
Su padre fue terminante.
—Puedes sentir miedo, vergüenza o rabia. Pero no tienes derecho a esconderte de la verdad.
Durante el vuelo ninguno habló.
Valeria miraba por la ventanilla con una mano sobre el vientre. Alejandro permanecía rígido junto a ella.
En el centro médico los recibió el doctor Santiago Lozano, responsable del protocolo experimental.
Revisó durante casi una hora los estudios.
—Aquí está el problema —dijo finalmente.
Giró la pantalla.
—Alejandro comenzó con ausencia completa de espermatozoides. Pero después del tercer ciclo aparecieron células germinales activas. El resultado era insuficiente para considerarlo fértil en condiciones normales, pero definitivamente ya no era cero.
Alejandro quedó inmóvil.
— ¿Entonces podía embarazar a alguien?