A LAS DOS DE LA MAÑANA, UNA NIÑA DE SEIS AÑOS ME PIDIÓ QUE ESCUCHARA LA PARED DE MI BIBLIOTECA: TRES GOLPES DESDE EL OTRO LADO CAMBIARON TODO…-gr-haohao

Sentí que la mandíbula se me tensaba.

—¿Y después?

—Me dijo que si hablaba, Mia y Lily tendrían problemas.

Miré a la niña.

Mia estaba abrazando a su hermana.

De repente comprendí algo.

No era una historia sobre una pared.

Ni sobre una habitación oculta.

Ni siquiera sobre una empleada que había escondido información.

Alguien había construido un secreto dentro de mi propia casa.

Y llevaba tiempo asegurándose de que nadie lo encontrara.

—Grace —dije—. ¿Quién tenía acceso a esa zona?

Ella negó con la cabeza.

—No lo sé.

—Piensa.

Cerró los ojos.

—Su hermano.

Me quedé inmóvil.

Mi hermano.

Marco.

La única persona que había tenido acceso completo a la casa además de mí.

Pero Marco llevaba dos años viviendo en otra ciudad.

O eso creía.

—¿Qué tiene que ver él?

Grace abrió los ojos.

—El hombre que me encontró llevaba su reloj.

Sentí que algo se hundía dentro de mí.

—¿Estás segura?

—Sí.

En ese momento sonó mi teléfono.

Era Daniel.

—Señor Duca, ya estoy en la casa.

—Sube al estudio.

—Ya estoy allí.

Hubo una pausa.

—Encontré algo.

—¿Qué?

—Una puerta.

Miré a Grace.

—Ábrela.

Daniel guardó silencio unos segundos.

Luego habló.

—Señor, antes de hacerlo necesito que vea algo.

—¿Qué?

—Hay una cámara escondida detrás de los libros.

Sentí que el aire se volvía frío.

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