PARTE 2: LA FIRMA OCULTA

—No fue así.

—¿Entonces cómo fue?

Mi padre cerró los ojos.

—Esteban tenía deudas.

Sentí un vacío en el estómago.

—¿Mi hermano?

—Había firmado varios préstamos después de separarse. Pensamos que podríamos ayudarlo.

Miré a mi madre.

—¿Y pusieron mi nombre como garantía?

Nadie respondió.

Eso fue suficiente.

Guardé el documento en mi carpeta.

—Voy a llevar esto con Sofía.

Mi madre se levantó de golpe.

—¡No puedes hacer eso!

—¿Por qué?

—Porque destruirías a tu hermano.

La miré durante varios segundos.

—¿Y ustedes pensaron que era correcto destruir mi historial financiero para salvarlo?

Mi padre bajó la cabeza.

Por primera vez, no intentó defenderla.

Entonces su teléfono volvió a sonar.

Contestó.

Escuchó durante unos segundos.

Su rostro perdió completamente el color.

—¿Qué pasó? —pregunté.

Colgó.

—El banco rechazó el siguiente pago.

—Eso ya lo sé.

—No, Mariana. Hay algo más.

Sacó una hoja del sobre que llevaba en la mano.

—El crédito tiene una garantía adicional.

Me la entregó.

Leí la última página.

Mi respiración se detuvo.

La casa de Querétaro estaba vinculada como garantía.

Pero había una segunda condición.

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