—Para desaparecer.
La palabra quedó suspendida entre nosotros.
—Me dijo que tú estabas a punto de cerrar la mayor negociación de tu vida. Que no podías permitirte una distracción.
Me reí sin humor.
—¿Una distracción?
Cassandra bajó la voz.
—Eso fue exactamente lo que dijo.
Miré a mis hijos.
Mis hijos.
Tres años viviendo sin mí.
Tres años celebrando cumpleaños donde yo no estaba.
Tres años escuchando la palabra “papá” sin saber que se refería a mí.
—¿Aceptaste?
Cassandra negó lentamente.
—No.
—Entonces…
—Entonces me amenazó.
Sentí que algo dentro de mí se rompía.
—¿Con qué?
Cassandra tardó en responder.
—Con destruirte.
—¿A mí?
—A tu empresa.
Señaló discretamente hacia mi teléfono.
—Tu madre sabía que Prescott Technologies dependía de ciertos inversionistas. Me dijo que podía provocar rumores sobre tu vida personal, sobre tu capacidad de liderazgo, sobre tu estabilidad emocional.
Solté una respiración lenta.
Eso explicaba muchas cosas.
Mi madre siempre había sido fría.
Siempre había visto las emociones como debilidades.
Pero esto…
Esto era otra cosa.
—¿Y los niños?
Cassandra sonrió con tristeza.
—Cuando nacieron, pensé que quizás cambiarías.
Miró a Lucas.
—Pensé que si alguna vez sabías que existían, vendrías.
—¿Por qué no lo hiciste público?
—Porque no quería que ellos crecieran siendo una batalla entre adultos.
Esa frase me golpeó más que cualquier acusación.
Porque era exactamente lo contrario de mí.
Yo había construido mi vida pensando que ganar significaba aplastar cualquier obstáculo.
Cassandra había protegido a nuestros hijos sin intentar destruirme.
—¿Cómo se llaman oficialmente?
Ella sonrió.
—Lucas y Violet Hayes.
Sentí una pequeña punzada.
—¿No tienen mi apellido?
Cassandra me miró.
—No sabía si lo querías.
No pude responder.
Porque la verdad era que ella tenía derecho a dudar.
Yo no había estado ahí.
Yo no había llamado.
Yo no había preguntado.
Había dejado que mi orgullo hablara más fuerte que mi amor.
Entonces Luke levantó la mirada.
—Mamá.
—¿Sí, cariño?
—¿Él es el hombre de la foto?
Cassandra se quedó inmóvil.
Yo también.
—¿Qué foto?
Luke señaló mi teléfono.
—La foto que guardas en la caja.
Mi corazón se aceleró.
Cassandra cerró los ojos.
—Luke…