Tras 37 años de amistad, descubrí el secreto que mi mejor amiga había guardado durante toda mi vida
Aquella noche apenas pude dormir.
Cada vez que cerraba los ojos, veía el rostro de Emily, la lágrima deslizándose por su mejilla y aquella frase que no dejaba de resonar en mi cabeza:
«Mañana descubrirás quién he sido realmente todos estos años».
Quise levantarme, ir a su habitación y exigirle que me contara la verdad. Pero algo me detuvo. Una parte de mí tenía miedo de escuchar la respuesta.
A la mañana siguiente, cuando entré en la cocina del pequeño hotel frente al mar, Emily ya estaba sentada junto a la ventana. Tenía dos tazas de café sobre la mesa y un sobre blanco entre las manos.
Parecía no haber dormido tampoco.
—Siéntate, por favor —me dijo.