PARTE 2: El testamento que Sergio nunca vio

Sentí un frío recorrerme.

—Entonces ella también sabía.

Mi abogada asintió.

—Y encontramos otra cosa.

Sacó una solicitud de crédito.

Sergio había intentado utilizar mi departamento como garantía.

Fecha prevista para completar la operación:

dos semanas después de mi cirugía.

Él no estaba esperando simplemente que yo enfermara.

Ya estaba organizando qué hacer con mis bienes.

Mi teléfono vibró.

Sergio.

“¿Dónde estás? Tu madre dice que estás en el hospital.”

No respondí.

Llegó otro.

“Valeria, llámame inmediatamente.”

Después otro.

“Necesito hablar contigo antes de que firmes cualquier cosa.”

Mi abogada frunció el ceño.

—¿Cómo sabe que estás firmando documentos?

Nos miramos.

Solo cuatro personas conocían mi reunión con ella.

Mis padres.

Yo.

Y el notario.

Entonces recibió una llamada.

Escuchó durante unos segundos.

—Tenemos un problema.

—¿Qué pasó?

—Alguien acaba de presentar otro testamento a tu nombre.

Me incorporé lentamente.

—¿Otro?

—Sí. En ese documento dejas todo a Sergio.

—¿Cuándo supuestamente lo firmé?

Mi abogada me mostró la fecha.

La noche anterior.

Mientras yo estaba ingresada en el hospital preparándome para la operación.

Pero el nombre del testigo hizo que se me secara la boca.

No era mi suegra.

 

Era el médico que originalmente había entregado a Sergio el informe falso sobre mi enfermedad.

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