Apareció el diseño de Horizonte Vivo.
Una ciudad vertical rodeada de parques, sistemas de transporte limpio, viviendas autosuficientes y enormes espacios públicos.
El concepto parecía pertenecer al futuro.
Pero había algo más.
El proyecto no consistía simplemente en construir edificios.
Pretendía transformar una región completa.
Cien mil millones de dólares.
Miles de empleos.
Millones de personas beneficiadas.
Y el nombre de Elena Moore estaba ahora asociado al proyecto.
La conferencia terminó casi una hora después.
Cuando Elena salió del edificio, Daniel se acercó rápidamente.
—Directora.
—¿Sí?
—Tiene cuarenta y siete llamadas perdidas.
—¿De quién?
Daniel levantó el teléfono.
—De Adrian Blake.
Elena no respondió.
—También llamó su abogado.
—Bloquéalos.
Daniel parpadeó.
—¿A ambos?
—A todos.
Mientras tanto, a varios kilómetros de allí, Adrian Blake estaba frente a una pantalla gigante.
Su empresa estaba cayendo.
No lentamente.
En picada.
Las acciones de Blake Holdings habían perdido casi un veinte por ciento en cuestión de horas.
El consejo de administración estaba reunido en una sala de emergencia.
Su padre golpeó la mesa.
—¿Cómo permitiste que esto ocurriera?
Adrian no contestó.
Su teléfono vibró.
Otro mensaje.
“Proyecto Aurora: Blake Holdings queda fuera de la primera ronda de contratistas.”
Adrian levantó la mirada.
—¿Quién tomó esa decisión?
El director financiero respiró profundamente.
—El comité internacional.
—¿Por qué?
—Porque nuestra empresa tenía un conflicto de intereses.
Adrian frunció el ceño.
—¿Qué conflicto?
Nadie respondió.
Finalmente, el abogado corporativo colocó un documento sobre la mesa.
—El comité descubrió que Blake Holdings había intentado influir en la selección de proveedores antes de que terminara el proceso.
Adrian se quedó inmóvil.
—Eso es absurdo.