Álvaro sintió que la rabia volvía, pero ya no necesitaba convertirla en gritos.
—Anoche, cuando entré, Clara me pidió que no me enfadara con ella. En su propia casa. Esa es la parte que ninguno de vosotros va a justificar.
Teresa preguntó si deseaban continuar con el otorgamiento.
Álvaro miró el documento.
—No.
Tomó la carpeta y la cerró.
—Este poder no se firma.
Irene añadió que, desde ese momento, cualquier autorización empresarial previa concedida a Joaquín quedaría revisada y que cumplimiento bloquearía cualquier intento de operar con las participaciones sin presencia directa de Álvaro.
Joaquín se levantó.
—¿Vas a destruirme por una discusión familiar?
—No —dijo Álvaro—. Tus deudas son un problema empresarial. Lo que hiciste aquí es otra cosa. No voy a mezclarlas para salvarte de las consecuencias.
—¿Qué quieres tú? —preguntó Álvaro a Clara.
Mercedes reaccionó antes que ella.
—Clara, no puedes echar a los padres de tu marido.
Clara observó la mesa, la vajilla, la puerta de la cocina y, por último, las mantas.
—Durante 11 días me dijisteis que yo no merecía sentarme aquí. Durante 11 días Leo preguntó si su padre sabía dónde dormíamos. No voy a discutir más.
Se puso en pie.
—Quiero que os vayáis hoy.
Marta cruzó los brazos.
—Así que todo esto era venganza.
Clara negó con la cabeza.
—No. Es un límite.
Joaquín miró a Álvaro esperando que corrigiera a su esposa.
Álvaro permaneció sentado.
Aquello fue lo que finalmente hizo comprender a su padre que no tenía ninguna autoridad que reclamar.
Mercedes subió a recoger sus cosas. Marta la siguió con pasos rápidos. Joaquín se quedó unos segundos frente a su hijo.
—Cuando esa empresa te dé la espalda, recordarás quién estaba antes.
Álvaro sostuvo su mirada.
—Y Leo recordará quién estaba aquí cuando le hicieron creer que tenía que pedir permiso para comer.
Joaquín no respondió.
Una hora después, Joaquín dejó las llaves sobre el aparador y salió. Clara las recogió con la mano sana. Esta vez no miró a nadie antes de hacerlo. No pidió permiso.
Esa tarde hicieron 3 cosas.
Primero, Clara fue al centro de salud para que revisaran su muñeca y dejar constancia médica de la lesión.
Después, Álvaro descargó las grabaciones de las cámaras de las zonas comunes. El sistema llevaba activo desde un intento de robo ocurrido el año anterior. En las imágenes aparecían varios momentos de los días anteriores: Leo llevando mantas al cuarto de servicio, Mercedes apartando a Clara del comedor y Marta quitándole el teléfono.
Por último, cambiaron los códigos de acceso y retiraron las copias de llaves autorizadas.
No publicaron las imágenes. Las guardaron para impedir que alguien reescribiera después lo ocurrido.
Irene se ocupó de la parte empresarial. El intento de utilizar el borrador antiguo quedó documentado y la asesoría financiera confirmó que no había realizado ninguna operación. Las participaciones de Álvaro seguían intactas.
Días más tarde, Joaquín envió un correo breve. No pidió perdón. Solo adjuntó las cuentas de su empresa y escribió que, si Álvaro aún quería revisarlas, aceptaría hacerlo sin poderes, sin garantías ajenas y con un asesor independiente.
Álvaro respondió que estudiaría una reestructuración con una condición: ayudar a salvar una empresa no significaba devolverle acceso a su casa ni borrar lo sucedido. Clara estuvo de acuerdo.
Cuando por fin subieron las mantas, Leo entró en su habitación con cautela. Tocó sus coches, abrió un cajón y miró debajo de la cama como si comprobara que todo seguía allí.
De repente se giró.