Se casaron el 17 de julio de 1946… Y 78 años después, todavía se toma de la mano

Y fotos en las paredes.

Cientos de fotos.

Cada una un recuerdo.

Cada una, un pedazo de su vida.

Pero la vida no se trata solo de alegrías.

Cuando Andreas tenía 54 años, perdió su trabajo.

De repente.

Sin previo aviso.

Durante meses no pude encontrar trabajo.

Todas las noches se sentaba a la mesa y miraba las facturas.

Se sentía como un fracaso.

Sentía que había decepcionado a su familia. Comida casera

Hasta que una noche Sofía se sentó a su lado.

Ella le tomó el rostro entre las manos y dijo:

“Escúchame bien. No me caso contigo por el dinero que puedes traer a casa”.

Andreas la miró en silencio.

“Me caso contigo porque eres tú”.

Esa noche lloró por primera vez en muchos años.

Unos años más tarde le tocó el turno a Sophia de someterse a la prueba.

Los médicos descubrieron un grave problema en su corazón.

Necesitaba cirugía.

Las probabilidades no eran buenas.

La noche anterior, Andreas no durmió ni un minuto.

Se quedó junto a su cama.

Sosteniéndole la mano.

Como siempre lo hacía.

—¿Tienes miedo? —le preguntó Sofía.

“Si.”

“Yo también.”

“Entonces tendremos miedo juntos.”

Sofía.

Y cierra los ojos.

La operación fue un éxito.

Y Andreas fue la primera persona que vio al despertar.

—Te lo dije —le susurró.

“Qué;”

“Que envejeceremos juntos”.

Los años seguían pasando.

Su cabello se volvió blanco.

Sus pasos se hicieron más lentos.

Sus manos se arrugaron.

Pero nunca dejaron de resistir.

Cuando.