Mi esposo me golpeó frente a una terraza cerrada y amenazó: “Esta noche no vas a escapar” – Neyney

—Entonces todo será más doloroso. Tu hermana acaba de casarse y tu padre tiene problemas del corazón. No puedes destruir a la familia por un golpe.

Un golpe.

Así resumió tres años de miedo.

—Sebastián contrató un seguro de vida por 18 millones —dije.

Mi madre desvió la mirada.

—Eso es normal entre esposos.

—También buscó cómo simular un accidente doméstico.

—Estás interpretando cosas.

—Y tú preguntaste cuánto recibirías por mi casa.

El silencio cayó sobre la sala.

Sebastián se puso de pie.

—Esto es una emboscada.

—Siéntate —le ordenó mi madre.

Él la miró con odio. Entonces comprendí que no eran aliados iguales. Sebastián la había usado, pero ella también lo había usado a él. Mi madre quería la herencia. Él quería el seguro y el control de mis bienes.

Dos depredadores compartiendo una mesa.

—Tu abuela nunca debió dejarte todo —dijo ella—. Yo era su hija. Esa casa me corresponde. Sebastián solo intentó arreglar una injusticia.

—¿Arreglarla encerrándome y declarando que estoy loca?

—Nadie habló de matarte.

—Él sí.

Sebastián golpeó la mesa.

—¡Porque nunca obedecías! Te di una casa, apellido y estabilidad, y tú me mirabas como si yo fuera menos que tú.

Su máscara cayó por fin.

—¿Por eso me golpeabas?

—Te corregía.

Mi madre cerró los ojos, como si la palabra le pareciera inconveniente, no monstruosa.

—¿Qué iba a pasar después de la boda? —pregunté.

Sebastián respiró con fuerza.

—Solo necesitaba que llegaras a casa. Habíamos preparado una caída por las escaleras. Con alcohol en la sangre, todos habrían creído que fue un accidente.

La puerta se abrió.

Entraron cuatro agentes de la fiscalía.